Mónita secreta jesuita. En una carta de 1571

carta benito arias montanoDurante cientos de años y aún hoy, hay quien niega la existencia de la mónita secreta de los jesuitas. También parecen perdidos algunos al señalar su descubrimiento, pues hay quien fecha este en el siglo XIX, y como veremos en este artículo, nada más lejos de la realidad. Se llega a afirmar, que no existió una traducción española hasta el año 2000, eso es lo que cree la Biblioteca de Filosofía en Español, que fecha en dicho año la traducción que han hecho ellos de la sexta edición publicada en París en 1865, afirmando también que dicha mónita fue descubierta por primera vez en 1661. Ignoran al parecer que existe una edición impresa en 1845 (algo diferente a la que nos ocupa, supongo que por haber sido adaptada a un lenguaje de 300 años después) y que atribuye su composición al Padre Claudio Aguaviva que es considerado el segundo fundador de la Compañía de Jesús a pesar de haber nacido nueve años después de su fundación, su autoría como veremos a continuación se ha intentado negar y se sigue intentando negar. Aguaviva nació en septiembre de 1543 y murió el 31 de enero de 1615, fue nombrado general jesuita en 1581, 10 años después de la elaboración del documento que nos ocupa, que no es otro que una carta que el Dr. Benito Arias Montano, envió a Felipe II el 18 de febrero de 1571, contándole que había sido informado de la existencia de la mónita por un ex-jesuita que según el Dr. Benito “dejó de serlo, por no acomodarse su conciencia con tan anchas doctrinas como ellos ejecutan interiormente y aún me aseguró, que al que no las observa indefectiblemente lo castigan con el mayor rigor.” Por lo tanto de la fecha de la misiva se desprende, que de ser cierta la autoría del Padre Aguaviva, la habría escrito antes de ser general jesuita, lo que hace que yo piense que la mónita ha acompañado en realidad a la Compañía de Jesús desde el mismo momento de su fundación. Pero esto es tan solo mi opinión personal.

Sin embargo hay datos de que la primera edición impresa de la mónita es de 1612 y al parecer se imprimió en Cracovia con el título de “Monita Privata Societatis Jesu, Notobirge, Anno 1612”. Tal vez debido a esta publicación, se decidió atribuir la realización de la mónita a Jerónimo de Zaorowski, que había hecho que le echaran de la compañía en 1611, aunque el encargado de hacer tal afirmación, dijera a su vez que en realidad no se sabía con certeza nada de su autor. No es de extrañar el resultado de la comisión encargada por Peter Tylick, obispo de Cracovia, si conocemos el dato de que su confesor y el del mismísimo rey, era un jesuita. La autoría no pudo ser probada, pero se encargó a un profesor de Ingolstadt (es decir a un jesuita) preparar la refutación de la mónita que se tituló “Libri Tres Apologetici contra Famosum Libellum” y que fue publicada el 1 de agosto de 1617. Llama la atención que para refutar la mónita que en la edición impresa en español en 1845, que os he enlazado antes, solo ocupó 38 páginas, se necesitaran tres libros.

También me llama la atención que ha pesar de existir esta carta del Dr. Benito Arias Montano, en la que incluye un discurso sobre las prácticas de la Compañía y la mónita completa, en España se haya necesitado siempre recurrir a ediciones extranjeras para saber de la mónita, cuando seguramente este documento sea uno de los primeros que pretendió difundir tales observancias y que ya estaba en nuestro idioma y posesión.

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Juana de Austria

Tal vez tenga que ver, en que parezca que Felipe II decidiera no hacer nada, el que su hermana Juana fuera la única mujer jesuita de la historia. A pesar de que su padre nunca confió demasiado en la Compañía de Jesús, aún que Francisco de Borja, un hombre de su confianza y de la de su esposa, decidiera ingresar en la orden en 1546 y de que al comienzo del reinado de Felipe sucediera un “lamentable” malentendido entre Francisco de Borja y la Inquisición, que desembocó en la “huida” de este a Portugal y que hizo que no volviera hasta pocos meses antes de morir. Varios historiadores coinciden en que Felipe II no alcanzó nunca la confianza que sus hermanas tenían en la Compañía de Jesús, pero cuando Borja volvió a España, se dice que el monarca afirmó que “no hay que dudar sino que la Compañía es la religión que ahora más fruto hace en la Iglesia de Dios”.

Pero Juana de Austria había sido regente en España desde 1554 hasta 1559 y estaba muy vinculada a la orden a través de su confesor, Francisco de Borja y de Ignacio de Loyola que era su amigo personal, cuando decidió ingresar en la orden, utilizó al principio el seudónimo de Mateo Sánchez en la correspondencia que generaba a este respecto y más tarde el de Montoya, para que no se conocieran públicamente sus propósitos. El 3 de enero de 1555, Loyola dirigió a la regente la autorización oficial por la que se autorizaba a Mateo Sánchez a pronunciar los votos de escolar de la Compañía de Jesús.

No obstante parece que las letras del médico no cayeron del todo en saco roto, ya que Felipe II no eligió para él ni para su hermana María un confesor o predicador jesuita, tal vez por miedo a que sus secretos e intenciones fueran aireadas a otros. Sin embargo permitió que su hijo se casara con Margarita de Austria-Estiria, que había sido educada por los Jesuitas. El rey también aspiró a que la Compañía fuese una orden eminentemente española, compuesta por leales súbditos, fieles a su Monarquía. Deseaba jesuitas que se pudieran convertir en adecuados instrumentos del monarca. Por esto y muchas razones históricas que aunque vienen a cuento alargarían mucho este artículo, podemos pensar, que a pesar de estar prevenido del funcionamiento y los tejemanejes de la orden jesuita, a Felipe II no le importó mucho mientras pudiera verse beneficiado de tales aberraciones. No obstante a quien quiera saber más, le invito a leer el trabajo de Javier Burrieza Sánchez titulado “La compañía de Jesús y la Defensa de la Monarquía Hispánica.

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Benito Arias Montano hacia 1970

Antes de meternos con la carta, veamos quien era Benito Arias Montano (1527-1598) fue un humanista, hebraísta, biólogo y escritor políglota español. Empezó sus estudios en Sevilla interesándose por las ciencias físicas y médicas, por la poesía, la filosofía, la lingüística y la teología. En 1548 se trasladó a Alcalá de Henares para estudiar en la Universidad ampliando sus conocimientos de medicina, teología y filosofía, aprendiendo latín, griego, árabe, hebreo y sirio. Después se ordenó sacerdote para dedicarse al estudio en profundidad de las Sagradas Escrituras. En 1562, el obispo de Segovia, Martín Pérez de Ayala le pidió que le acompañara al Concilio de Trento, donde al parecer se distinguió por su erudición. En 1566 Felipe II lo nombró su capellán y le encomendó la elaboración de la Biblia Políglota de Amberes, conocida como Biblia Regia y al parecer introdujo innovaciones si se compara con la Biblia Políglota Complutense y más aún si se confronta con la Vulgata. Estas novedades levantaron los recelos de la Inquisición. Según se lee en una nota de la copia de la comunicación que el Doctor envió al monarca desde Amberes y que os ofrezco. (Esta copia fue manuscrita entre 1701 y 1800 según la Biblioteca Nacional de España y procede al parecer del Ducado de Osuna que instauró Felipe II en 1562):

“Fue el Dr. Don Benito Arias Montano, Capellan de Honor del Señor Rey Felipe II Canonigo de San Marcos de León y Varón tan admirable en virtud y en letras que mereció la estimación de su Señor Rey quien lo envió a Amberes para que con su aviso y Consejo, Gobernase Su Majestad desde acá, aquellos Estados.”

De vuelta en España, se dedicó por encargo de Felipe II a gestionar la biblioteca del Monasterio de El Escorial, hasta que en 1584, se retiró a Sevilla y renunció a todos los cargos que poseía en la corte y a otras dignidades que le ofrecían.

En su misiva Arias Montano pedía al rey que mandara encarecidamente al gobernador y a los ministros de Amberes tanto de aquel momento como a los que pudiesen llegar, que no se embarcaran en nada con los Religiosos de la Compañía de Jesús, ni les dieran mano alguna en los negocios, ni los adelantasen en autoridades y haciendas, mas que en las que ya estuvieran encomendados. También le pide especialmente que el gobernador no haga uso de confesor o predicador jesuita.

El Dr. Benito asegura que sus reticencias para con los jesuitas no se fundamentan en un conocimiento adquirido recientemente, sino que vienen dadas por un estudio de más de quince años.

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Fernado Álvarez de Toledo III Duque de Alba

De la carta se desprende que los jesuitas estaban en contra del Duque de Alba, y elevaban grandes quejas sobre él, al principio en secreto y después en público, según dice Arias Montano, porque el Duque no había satisfecho las peticiones de los de la Compañía de Jesús. El de Alba había sido el Gobernador de Amberes hasta ese momento y según denuncia el Doctor los jesuitas:

“Al presente con la venida del nuevo Gobernador, triunfan libremente y se jactan de que ellos han sido los que han echado al Duque de estos Estados, y de que tendrán más comodidad y mano en los negocios que querrán y demandarán porque dicen (según su lenguaje) es todo suyo y entiendo muy bien que en cuanto pudieren procuraran salir con lo que jactan y pregonan.”

También dice el políglota, que quiso informar a Su Majestad, porque creía era su deber, con carta de su puño y letra, y comenta que no ha informado al encargado de hacer llegar al rey la misiva del contenido de la misma porque los espías que los padres jesuitas tenían en todas partes, para saber todo cuanto pasaba a cerca de sus negocios y de los ajenos, eran infinitos y confiaba en que no consiguieran enterarse antes que el monarca de las noticias de las que pretendía hacerle partícipe.

Continúa el Capellán de Felipe II, adjuntando el discurso que elaboró respecto a las prácticas de la Compañía de Jesús, y en él se ve que no estaría de acuerdo conmigo en que lo más seguro es que la mónita haya acompañado a los jesuitas desde su fundación, ya que pone por las nubes a su fundador Ignacio de Loyola y cree que en algún momento la compañía a derivado en dos ramas, siendo la de Loyola un lecho de virtudes y la segunda la más ambiciosa y egoísta que se puede describir.

En su discurso, el teólogo atribuye la rápida expansión de los jesuitas a la mucha necesidad de educación para los niños, de la que no se libraba ningún lugar, y es por eso que cree el Doctor que la extensión de la Compañía era tan pronta. Y señala que:

“… determinaron entre sí disponer ciertas máximas tan astutas y llenas de arte, industria y cautela, que fuesen capaces de hacerla igualmente la más rica de caudales y haciendas, y la más poderosa de autoridades, empeños y despotismos…”

Señala también que los Padres de la citada compañía, se empeñaron en difamar a las otras órdenes (en aquellos tiempos las llamaban religiones) con el fin de hacerse adelantar en los asuntos de Estado y de hacerse con las instituciones y rentas que otros religiosos administraban.

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III General Jesuita Francisco de Borja

Apunta Don Benito, que solo a su General residente en Roma le guardan los jesuitas obediencia ciega y que aunque en lo exterior demuestren lo contrario, no conocen en lo interior otro Señor, ni otro Soberano que a él. Y explica a continuación que el General designa algunos de los padres, que se encargan de hacer una exhaustiva relación de todo lo que acontece en los Reinos en los que se emplean, asegurando que el General tiene al menos un asistente por cada nación. El General es más benévolo cuanta más información se recoge por lo que los asistentes aspiran con ansiedad a superarse unos a otros en tal tarea:

“… y con toda diligencia, aplicación y cuidado se informan del estado, la calidad y de la naturaleza de todas las provincias, de los sucesos dignos de la atención de su superior, que en ellas pasan, y de las inclinaciones de los Príncipes, y de sus intenciones, y novedades que ocurran en los gabinetes  , y todos los correos avisan a los asistentes de los accidentes que cada día se van descubriendo o suceden, y todo lo ponen presente al Padre General, el cual con los de su consejo, hacen una completa anatomía de todo el mundo, confrontando unas noticias con otras, que regularmente convienen en todo y proponen los intereses o intentos de los Príncipes Cristianos.”

Y en este mismo punto se informa a Felipe II, de que después de examinar y juzgar toda la información, los jesuitas deciden a cual de los Príncipes Cristianos les conviene más favorecer, dependiendo lo que más le convenga a la compañía. Debe ser que el monarca se veía favorecido, por lo que decidió no hacer nada ante toda esta información. En el discurso además se asegura, que los jesuitas “desde fuera miran y juzgan más fácilmente los lances que los que realmente están dentro de ellos por tocarles, así estos Padres tienen delante de los ojos los intereses de todos los Príncipes, se paran mucho en observar las condiciones, el lugar y tiempo, y aplican proporcionados medios para favorecer las cosas de un Soberano o de otro cualquiera quien ellos conocen, que pueden sacar sus intereses, oprimiendo y oponiéndose con todas máximas, ardides y cautelas a los que saben no pueden serles útiles a sus ambiciones, y si esto es propio de gente apostólica júzguese y véase.”

Asegura Arias Montano, que los Padres de la Compañía de Jesús no admiten en sus confesionarios a los pobres, y que castigan a los ricos de los que nada pueden sacar y son rigurosísimos los preceptos y penas que imponen a los que descubren sus secretos. Además asevera que utilizan el secreto de confesión para informarse de absolutamente todos los negocios que les rodean y también las buenas o malas acciones de su pueblo que usan si creen necesitarlo para chantajearles o para sembrar cizaña. Asegura también que al conocer “los ánimos de los súbditos les es igualmente fácil buscar alborotos, sublevaciones y motines.”

A los ojos del políglota, la influencia en Roma de los jesuitas es tal, que la mayor parte de los negocios de la cristiandad pasan por sus manos y solo llegan a buen puerto los que ellos deciden que así sea y los acusa de exagerar ante los demás su influencia en los soberanos con el fin de conseguir que el resto crea que es un medio indispensable estar a bien con la Compañía de Jesús si se quiere llegar a cualquier acuerdo con ellos, llegando incluso a afirmar públicamente en Roma, que su General puede más que el Sumo Pontífice, que los reyes y otros príncipes.

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Pio V, el Papa en aquel momento

Muchos ejemplo da, de la ambición y las formas de obtener riqueza y poder de los jesuitas, acusándoles entre otras cosas de aprovecharse de las ansias de la Iglesia por recuperar Inglaterra a la antigua fe, y alude a un libro en el que se pide que todos los bienes de Inglaterra, se deben poner en manos de siete sabios que deben ser elegidos entre la Compañía de Jesús, pues asegura “que para reducir a Inglaterra a la fe verdadera, no es bien que el Papa (a lo menos por cinco años) se meta en la provisión y distribución de los Beneficios Eclesiásticos de aquel Reino.”

Llega a asegurar la misiva, que para hacer ver a los Príncipes deseosos de paz cuánto necesitan a los de la compañía, primero generan en sus Reinos alborotos para que el soberano vea cuan necesario es que los jesuitas sean favorecidos y empleados al consejo para gobernar. Y advierte de los peligros que entrañaría que uno de ellos se hiciese con el Papado.

Lo que yo cuento es solo un pequeñísima parte de lo que se puede leer en la carta de Benito Arias Montano.

La mónita esta divida en varios capítulos:

  1. Cómo deben portarse los Padres de la Compañía cuando empiezan algún establecimiento.
  2. De qué modo podrán los Padres de la Compañía insinuarse en la voluntad de los Príncipes, Señores y personas eminentes y conservarse en su amistad.
  3. Conducta de la Compañía para con los que tienen grande autoridad en el estado y que aunque no sean ricos, puedan hacer otros servicios útiles a nuestros fines.
  4. Lo que se debe recomendar a los predicadores y confesores de los grandes.
  5. Cómo deben portarse los nuestros con los Religiosos que se ejercitan en la Iglesia de Dios en los mismos Ministerios que la Compañía.
  6. Del modo de conciliarse las benevolencias de las viudas ricas.
  7. Como se debe entretener a las viudas y disponer de sus bienes.
  8. Qué se debe hacer para que los hijos de las viudas tomen el estado religioso o se dediquen a la devoción.
  9. Del modo de aumentar las rentas de los colegios.
  10. Del rigor particular de la Compañía para con los sujetos sospechosos.
  11. Cómo se conducirán los nuestros de común acuerdo con los expulsos de la Compañía.
  12. Qué sujetos se deben conservar y mantener en la Compañía.
  13. De la elección que se ha de hacer de los sujetos que han de entrar en la compañía y del modo de retenerlos.
  14. De los casos reservados y motivos para despedir a alguno de la Compañía.
  15. Cómo se debe conducir la Compañía con sus devotas y religiosas.
  16. Del modo de hacer profesión del desprecio de las riquezas.
  17. De los medios de adelantar la compañía.

Algunas cosas que se pueden leer en la mónita:

“… pero todo esto requiere una máxima tan poderosa que sea capaz de engañar al insensato y persuadir al docto, quedando siempre la Compañía libre de la más leve sospecha en todas sus operaciones.”

infierno“Todos los nuestros se aparecerán como animados de un mismo espíritu, gobernándose por las mismas exterioridades, esto no tiene otro objeto, sino el de que la uniformidad y semejanza en tan excedido número de personas, admire y edifique a cuantos superficialmente nos observan. Para el logro de los fines que nos prometemos de esta importante máxima, se despedirán de nuestro Cuerpo inmediatamente a los que no la cumpliesen con puntualidad y exactitud, como hombres perjudiciales a nuestros intereses y miras.”

“En los principios de la fundación de algún colegio o colegios, se abstendrán los jesuitas que los habiten de comprar fondos de tierras, pero si hubiesen comprado algunos, bien situados y útiles, los conservarían haciendo extender la voz de que han sido adquiridos por los préstamos de algunos amigos fieles y piadosos, para que de este modo conste públicamente nuestra excedida pobreza por más que en nuestros tesoros y comercios seamos muy poderosos.”

“Enseñándonos la experiencia, que los Príncipes y poderosos se inclinan con especialidad a los eclesiásticos que disimulan sus acciones odiosas y temerarias y las interpretan favorablemente, lo que igualmente se observa en los casamientos que tratan con parientes o aliados, u otros negocios de semejante carácter, debemos inspirar y animar a los mismos Príncipes y poderosos a que los celebren y contraigan facilitándoles por nuestro medio las dispensas necesarias del Pontífice, de quien nos prometemos que las concederá súbitamente mediante las altas razones que expondremos, produciendo ejemplos, dictámenes y sentencias que favorezcan la pretensión con el pretexto del bien común y mayor gloria de Dios…”

“… Y aún no satisfechos ni contentos con las referidas cautelas, se empleará en el caso de alguna indecorosa imputación para la Compañía, la autoridad de algunos padres ignorantes en realidad de estas negociaciones para que aseguren aun con juramento que es pura calumnia lo que se atribuya a la Compañía.”

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“En la dirección de la conciencia de los Príncipes y Poderosos, seguirán nuestros padres los dictámenes de aquellos autores que más favorezcan la libertad del hombre, contra las opiniones de otros religiosos, afín de que desamparen a estos y se subordinen a nuestra dirección y consejos, pues es constante que más se estima lo que oprime poco, que lo que embaraza mucho.”

“El solo y único fin de los confesores, es hacer que las viudas dependan enteramente de sus directores, y que no busquen en otra parte quien las instruya y dirija, insinuándoles oportunamente ser este el único fundamento de sus progresos espirituales.”

“El punto principal es, que todos los jesuitas sepan ganar la benevolencia de sus penitentes y de todos aquellos con quienes comunican y así mismo a que sepan acomodarse a la inclinación de cada uno. Para lo cual, y que haya suficiente número en que escoger, enviarán los provinciales muchos padres a las ciudades y pueblos habitados de ricos y nobles y para que lo puedan hacer con más prudencia y feliz suceso informarán los rectores de la mies y la cosecha, que en aquellos pueblos se puede hacer.”

“Igualmente convendrá despedir a los que tuviesen escrúpulo de granjear y adquirir bienes para la compañía, por los trámites y medios que se señalan en estas instrucciones pretextando que son muy atados a su propio juicio y dictamen, alegando esta misma razón públicamente, y la verdadera con el mayor secreto, si intentasen exponer sus acciones a los provinciales en descargo y satisfacción de su conducta, y en fin, cualesquiera excusas que intenten proponer, no se le deben escuchar, sino precisarlos a observar la regla que obliga a todos los particulares a una obediencia ciega.”

“Antes de despedirlos se les deberá obligar a prometer por escrito y por juramento, que jamás escribirán nada menos decente, ni menos favorable a la compañía, pero sin embargo de estas seguridades, reservarán los superiores en su poder una lista de sus malas inclinaciones, vicios y defectos, que ellos mismos hayan descubierto, según la costumbre corriente de la compañía, valiéndose de ellos, si es necesario, para impedir sus adelantamientos manifestándolos a los grandes y prelados.”

“… En el caso de que del escrutinio que se haga resultase su obstinación irreconciliable, se le aplicará a prisión perpetua, satisfaciendo a aquellos sujetos grandes y poderosos que por él preguntasen, habían tenido necesidad sus superiores de emplear sus grandes talentos en asuntos tan secretos como importantes a la Iglesia, y a la religión, y últimamente, pasado algún tiempo, si instan en averiguar su paradero, se responderá con un bien supuesto sentimiento, que pocos días antes había Dios sido servido de llamarlo a la vida eterna, para premiar en ella los servicios que le había hecho en esta a su Santa Iglesia, y si fuese preciso, se manifestarán documentos auténticos que lo acrediten.”

“Finalmente (con lo que por ahora se concluyen estas consecuciones, con fuerza de inviolable ley) habiendo conseguido la Compañía el favor y autoridad de los Príncipes, procurará hacerse temible, a lo menos, de aquellos que la miran con odio irreconciliable.”

https://drive.google.com/file/d/0Bzxi324UZCscWDJORHlqUlVDWEk/view?usp=sharing

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5 comentarios en “Mónita secreta jesuita. En una carta de 1571

  1. Pingback: Otra ración de Jesuítas luciferínos… | Noticias con Criterio

  2. Hola, he visto el hangouts en el canal Paz Mundial de Youtube. Muchísimas gracias por traducir estos documentos y subirlos, es valiente.
    Aunque suene a tópico, si no entendemos el pasado no entenderemos nuestro futuro.

    PD: Os hago una sugerencia: podríais subir y traducir o intentar buscar información sobre el Vaticano y sus famosas bulas, en concreto sobre tres muy importantes, la primera la promulgada por Bonifacio VIII en 1302, la “Unam sanctam” declarando que todas las almas de este mundo les pertenece y esto se plasma en el certificado de nacimiento; la segunda en 1455 “Romanus Pontifex” por la cual todos los territorios descubiertos y por descubrir por el reino de Portugal, España o Inglaterra pertenecen al Vaticano (y digo Inglaterra porque en realidad pertenece al Vaticano-Roma desde el tratado de 1213 de sumisión del rey de Inglaterra Juan I -Juan sin Tierra- y formalizado en una importante Bula Áurea); y la tercera en 1481 once años antes del descubrimiento oficial de América, la “Aeterni regis” con esta se crea la Commonwealth, la propiedad de todas las pertenencias, bienes muebles e inmuebles de todo ciudadano inscrito en el registro civil. Un saludo y seguid así.

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